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El caballo de Troya

DOMÍNGUEZ, Óscar

1947

Técnica: Óleo sobre lienzo

Medidas: 114 x 146 cm

Número de registro: TEA1995-007

Colección TEA Tenerife Espacio de las Artes Cabildo Insular de Tenerife

Óscar Domínguez hace alusión al célebre mito del caballo de Troya para dar forma a una imagen de resistencia bélica, recurriendo, además, a figuras de animales blindados por armas y atributos de guerra. El episodio mitológico que el autor decide rescatar para esta obra nos dice mucho del contexto al que apunta. El famoso ardid del caballo de Troya, transmitido por autores como Homero (Od. VIII, 491ss) o Virgilio (Aen. II, 328ss), tiene lugar al final del conflicto entre griegos y troyanos que comenzó con el rapto (o fuga) de Helena de Esparta. El astuto Ulises, héroe griego, elabora este agudo engaño ante la desesperación de no poder tomar la ciudad troyana a la fuerza. La esperanza se desvanecía entre los soldados y parecía imposible vencer a su enemigo. Es así como tomó forma el plan de fabricar un caballo gigante de madera, esconderse dentro y dejarlo como una especie de ofrenda a los dioses tras una falsa retirada. Cómo continúa, todos lo conocemos. De esta forma, la historia del terrible caballo de madera pasó a la posteridad como uno de los principales referentes clásicos, especialmente en motivos artísticos. Es el caso, como vemos, de esta obra, donde Óscar Domínguez evoca a la oposición bélica y la lucha a través de una metáfora fundamentada en la estrategia surgida de la desesperación. Quizá sería posible enlazar el simbolismo de este mito con los signos obsesivos de la pulsión de la muerte y de autodestrucción generalmente interpretados en clave autobiográfica dentro de sus composiciones con revólveres y flechas, tal y como nos expone el catedrático en Historia del Arte Fernando Castro Borrego (2011, p.81). Por otra parte, la composición coincide con el periodo en el que Domínguez residió en Checoslovaquia, entre los años 1946 y 1949 (Štěpánek, 2011, p.48.) , aunque no podemos confirmar que fuera elaborada allí. Es en esta misma época cuando el estilo del artista experimenta un proceso de cambio: retoma las metamorfosis surrealistas y se vale colores puros y trazos perfectos, y, con el tiempo, estas formas evolucionarán a composiciones de triple trazo, más sobrias y depuradas, aunque manteniendo los mismos motivos artísticos. Caballo de Troya es un reflejo de este proceso, un punto intermedio entre los dos extremos en el que vemos que las líneas, por ejemplo, ya no son de trazo perfecto. [ Referencias bibliográficas: Castro Borrego, F. (2011). Óscar Domínguez. T. F. Editores; VVAA. (2020). Óscar Domínguez en Checoslovaquia. TEA Tenerife Espacio de las Artes]