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28 mar 2014 > 02 oct 2016

'Óscar Domínguez: Entre el mito y el sueño'

Tanto por la calidad subversiva de sus creaciones, como por su participación activa en el Surrealismo -episodio crucial en las artes de la Vanguardia del siglo XX-, Óscar Domínguez (Tenerife, 1906 - París, 1957) ha sido considerado, junto con Joan Miró y Salvador Dalí, el tercer gran nombre que España dio a la pintura surrealista. Si bien su infancia transcurre entre La Laguna y Tacoronte -donde su familia contaba con haciendas y plantaciones-, a partir de 1927 combina su residencia en París con varios viajes a Tenerife, hasta que, ya a partir de 1936, la capital francesa se convierte en su hogar definitivo hasta su muerte, un 31 de diciembre de 1957.

El nombre de Óscar Domínguez suscita evocaciones diversas: para unos es un pintor visionario, el inventor de la "decalcomanía"; para otros, el excelente constructor de objetos surreales -esas máquinas imposibles e insolentes, erotizantes y transgresoras, siempre poéticas-; y aún habrá quien aluda al artífice de inquietantes realidades oníricas que sacude, en palabras de Agustín Espinosa, "los raíles de un tren en llamas". A través del rostro multiforme de su obra, de su subversión y renovación constantes, Óscar Domínguez representa al artista por siempre insatisfecho, al creador inconformista, libre en su libertad creadora. Sin embargo, esa fiebre inconstante de su pintura, movida por el exceso de experimentación, además de su carácter espontáneo, impulsivo y tragicómico de "disidente perenne -subraya Pérez Minik-, de esos que después de cualquier revolución no saben construir un mundo nuevo", no siempre permitió a Domínguez apurar todas las posibilidades de sus propios hallazgos, por lo que su obra se convierte en una continua búsqueda de nuevas formas de pintar, dibujar y escribir.

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Fechas: 28/03/2014 > 02/10/2016

Abiertos de martes a domingo de 10 a 20h.

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Abiertos de martes a domingo de 10 a 20h.

Pintura

28 mar 2014 > 02 oct 2016

'Óscar Domínguez: Entre el mito y el sueño'

Tanto por la calidad subversiva de sus creaciones, como por su participación activa en el Surrealismo -episodio crucial en las artes de la Vanguardia del siglo XX-, Óscar Domínguez (Tenerife, 1906 - París, 1957) ha sido considerado, junto con Joan Miró y Salvador Dalí, el tercer gran nombre que España dio a la pintura surrealista. Si bien su infancia transcurre entre La Laguna y Tacoronte -donde su familia contaba con haciendas y plantaciones-, a partir de 1927 combina su residencia en París con varios viajes a Tenerife, hasta que, ya a partir de 1936, la capital francesa se convierte en su hogar definitivo hasta su muerte, un 31 de diciembre de 1957.

El nombre de Óscar Domínguez suscita evocaciones diversas: para unos es un pintor visionario, el inventor de la "decalcomanía"; para otros, el excelente constructor de objetos surreales -esas máquinas imposibles e insolentes, erotizantes y transgresoras, siempre poéticas-; y aún habrá quien aluda al artífice de inquietantes realidades oníricas que sacude, en palabras de Agustín Espinosa, "los raíles de un tren en llamas". A través del rostro multiforme de su obra, de su subversión y renovación constantes, Óscar Domínguez representa al artista por siempre insatisfecho, al creador inconformista, libre en su libertad creadora. Sin embargo, esa fiebre inconstante de su pintura, movida por el exceso de experimentación, además de su carácter espontáneo, impulsivo y tragicómico de "disidente perenne -subraya Pérez Minik-, de esos que después de cualquier revolución no saben construir un mundo nuevo", no siempre permitió a Domínguez apurar todas las posibilidades de sus propios hallazgos, por lo que su obra se convierte en una continua búsqueda de nuevas formas de pintar, dibujar y escribir.

Desde sus composiciones de influencia daliniana de principios de los años treinta -La bola roja (1933) o Le dimanche (1935)-; pasando por la genialidad de sus pinturas cósmicas -Los platillos volantes (1939)- y superando el período metafísico y la asimilación del estilo picassiano, ya en la década de los cuarenta -Mujer sobre el diván (1942)-; hasta alcanzar su técnica del triple trazo y, posteriormente, la etapa informalista que caracteriza a sus últimas obras -Delphes (1957)-, la fatal predisposición de Domínguez hacia los alucinados vericuetos de la imaginación y su permanente experimentación se convierten, finalmente, en la guía de todo su itinerario creativo. En efecto, el pintor tinerfeño se caracteriza por una práctica pictórica absolutamente enmarcada en la intuición onírica, presidida por un espíritu liberador en estado puro que está en perfecta consonancia con la maquinaria clandestina, vertiginosa e irracional del Surrealismo.

Isidro Hernández Gutiérrez

Conservador Jefe Colección TEA Tenerife Espacio de las Artes

 

 

Óscar Domínguez

Between the myth and the dream

 

Just for the subversive qualities of his creations, as well as the active participation in Surealism -a crucial episode in the vanguard arts of the twentieth century, Oscar Domínguez (Tenerife, 1906 - Paris, 1957) has been considered the third greatest name in Spain in surrealist painting, along Joan Miró and Salvador Dalí. His childhood was spent between La Laguna and Tacoronte, where his family owned farms and plantations, and on 1927 travels back and forth from Paris to Tenerife until the French capital becomes his final and definitive home until his passing in December 31st, 1957.

The name Oscar Domínguez calls for diverse evocations: he is a visionary painter, the inventor of an adhesive medium (decalcomanía), to others, he is and excellent builder of surrealist objects, those insolent, eroticizing and transgressed machines, always poetic-and there might be someone that refers to the author of disturbingly oneiric realities that shake "like burning train rails" according to Agustín Espinosa. Looking through the multiform spectrum of his work, a subversive and constant renovation, Oscar Domínguez represents an artist that is always unfulfilled, the non-conforming creator free in his artistic freedom. However; the ongoing fever in his paintings moved by the desire in experimentation that is in addition formed by a spontaneous trait, impulsive and tragicomic, an ongoing dissident, as Pérez Minik points out, those people that don't know how to build a new world after a revolution, not always allowed Domínguez to finish all the possibilities of his own discoveries so his work is transformed in a continuous search of new ways of painting, drawing and writing.

From his compositions of Daliesque influence at the beginning of the 1930's -The red ball (1933) or Le dimanche (1935), going through the brilliance of cosmic paintings like The flying saucers (1939) and going all the way to the metaphysical period and the assimilation of the Picassian period in the 1940's Woman on a divan (1942), until reaching his triple sketch, and the informal stage that took part in the making of his final works Delphes (1957) the fatal predisposition of the creator towards the stunned shortcuts to the imagination and his permanent experimentation become the guide of his creative itinerary in the end. Indeed the painter from Tenerife is known for a painting style absolutely framed by oneiric intuition and is presided by a rescuing soul in the purest state in line with the underground, dramatic an irrational machine of Surrealism.

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