03 oct 2026 > 24 ene 2027
Mientras seamos salvajes
El museo TEA Tenerife Espacio de las Artes presenta, del 3 de octubre de 2026 al 24 de enero de 2027, Mientras seamos salvajes, una exposición colectiva que reúne obras, películas, fotografías, documentos y objetos de más de ochenta artistas y autores. El proyecto, comisariado por Alejandro Castañeda, Néstor Delgado, Katya García-Antón, Roberto Gil, Onda Corta (Joel Peláez y Narelys Hernández) y Sergio Rubira, parte de la oposición histórica entre civilización y barbarie para examinar cómo esta división ha servido, especialmente en contextos coloniales, para establecer jerarquías entre cuerpos, territorios, culturas y formas de conocimiento. Estas clasificaciones no operaron únicamente en el ámbito de la representación: acompañaron procesos materiales de conquista, apropiación territorial, explotación laboral, extracción y supresión o transformación de sistemas de conocimiento.
Fechas: 03/10/2026 > 24/01/2027
Ubicación: Sala B (Planta 0) consulta el mapa
Martes a domingo de 10.00 a 20.00 h
Lunes cerrado, excepto festivo
14
Carlos Motta. Descubriendo el nuevo mundo 6 (2024). Cortesía Mor Charpentier (París)
Gumersindo Robayna. La batalla de Acentejo (ca. 1880) Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel
24
Sandra Gamarra. Cuando las papas queman (2020-21)
Sammy Baloji. Sin título (2015) Cortesía del artista e Imane Farès, París
Manolo Millares. Pictografía (1952). Colección Elvireta Escobio
34
Leonardo Torriani. Descripción de las Islas Canarias (1590)
44
Fechas: 03/10/2026 > 24/01/2027
Ubicación: Sala B (Planta 0) consulta el mapa
De martes a domingo, de 10:00 a 20:00 horas
Mixto
03 oct 2026 > 24 ene 2027
Mientras seamos salvajes
El museo TEA Tenerife Espacio de las Artes presenta, del 3 de octubre de 2026 al 24 de enero de 2027, Mientras seamos salvajes, una exposición colectiva que reúne obras, películas, fotografías, documentos y objetos de más de ochenta artistas y autores. El proyecto, comisariado por Alejandro Castañeda, Néstor Delgado, Katya García-Antón, Roberto Gil, Onda Corta (Joel Peláez y Narelys Hernández) y Sergio Rubira, parte de la oposición histórica entre civilización y barbarie para examinar cómo esta división ha servido, especialmente en contextos coloniales, para establecer jerarquías entre cuerpos, territorios, culturas y formas de conocimiento. Estas clasificaciones no operaron únicamente en el ámbito de la representación: acompañaron procesos materiales de conquista, apropiación territorial, explotación laboral, extracción y supresión o transformación de sistemas de conocimiento.
La exposición recorre distintos momentos y geografías relacionados por la expansión colonial europea. Europa, África, el Caribe y América Latina aparecen conectados a través de palabras, imágenes y sistemas de clasificación que han circulado durante siglos, aunque sus usos y significados hayan cambiado. Desde esta perspectiva, Canarias aparece no como una periferia de estas historias, sino como uno de los primeros laboratorios de la modernidad colonial y como un territorio históricamente entrelazado con África, Europa, el Caribe y América Latina. En lugar de seguir un relato cronológico, la muestra establece asociaciones entre materiales históricos y obras contemporáneas.
Mientras seamos salvajes no entiende lo salvaje o lo bárbaro como identidades naturales ni permanentes. Se pregunta por los procesos históricos mediante los cuales determinadas poblaciones fueron descritas como primitivas, atrasadas, irracionales o próximas a la naturaleza, mientras otras sociedades se atribuían la autoridad para definir qué significaban la civilización, el progreso o la cultura. También atiende a la manera en que esas imágenes han sido discutidas, transformadas o devueltas por quienes fueron situados al otro lado de la frontera.
Canarias y la formación del mundo colonial
Canarias constituye uno de los puntos de partida del proyecto. La incorporación del archipiélago a las coronas europeas formó parte de los primeros procesos de expansión colonial moderna. La conquista, la extensión del cristianismo, la apropiación del territorio y la explotación de los cuerpos que lo habitaban permiten relacionar la historia de las islas con transformaciones que posteriormente adquirirían una dimensión mucho mayor en el África continental, América y el Caribe. Las economías de plantación, los sistemas de control territorial y las formas de explotación y producción orientadas a la exportación ensayadas tempranamente en las islas permiten asimismo situar Canarias dentro de la formación de un mundo colonial que se expandió por el Atlántico.
Esta perspectiva permite también reinscribir Canarias en un campo afroatlántico, recuperando sus profundas conexiones históricas con el norte de África y el origen amazigh de sus primeros habitantes conocidos, junto a las posteriores rutas coloniales que enlazaron las islas con el Caribe y América Latina. La exposición no equipara experiencias históricas distintas, sino que observa las relaciones, las continuidades y también las diferencias entre procesos de conquista, explotación y representación desarrollados en distintos territorios.
El pensamiento del antropólogo canario Fernando Estévez proporciona una de las claves de este recorrido. Sus investigaciones analizaron la construcción histórica de dos figuras fundamentales en los relatos sobre la identidad insular: el guanche y el mago.
El guanche, el indígena canario, pasó de ser representado como salvaje a convertirse progresivamente en un antepasado idealizado. El mago, nombre dado históricamente al trabajador del campo en las islas, ocupó el escalón más bajo del orden social, a pesar de ser incorporado a las representaciones folclóricas idealizadas de la cultura popular. En ambos casos, unas imágenes que acabaron pareciendo naturales ocultaron el proceso histórico que las había producido.
La exposición cuestiona asimismo la idea de la “extinción” guanche como un relato cerrado. Frente a las narrativas de desaparición, atiende a continuidades fragmentadas, encarnadas y transformadas -en las prácticas materiales y religiosas, los imaginarios rurales, los cuerpos, los lenguajes y las relaciones con el territorio- que permiten pensar aquello presentado históricamente como ausencia también como una presencia reprimida, reducida, desplazada o reconfigurada. Estas continuidades no se entienden como supervivencias puras o inalteradas, sino como procesos dinámicos y a menudo discutidos. Desde este punto de partida, Mientras seamos salvajes recoge distintas tradiciones de pensamiento que han cuestionado la pretendida universalidad de la civilización occidental. No las convierte en una explicación única, sino que las utiliza para atender a los conocimientos y las formas de vida que fueron calificadas como atrasadas, irracionales, primitivas o bárbaras, y para preguntarse qué intereses había detrás de esa clasificación.
Cinco secciones relacionadas entre sí
La primera sección está dedicada a las imágenes del indígena y de la conquista. Reúne representaciones realizadas desde los primeros contactos coloniales hasta la actualidad para observar cómo diferentes culturas fueron descritas desde la mirada europea.
Junto a grabados, fotografías y documentos históricos, varias obras contemporáneas revisan esas imágenes, modifican sus contextos o introducen otros puntos de vista. La antropofagia aparece dentro de este recorrido como uno de los grandes estereotipos utilizados para representar al indígena americano y, más tarde, como una imagen de la que se apropiaron artistas y movimientos culturales latinoamericanos para alterar su significado.
La segunda sección de la exposición reúne obras que interrogan la frontera entre lo “salvaje” y lo “civilizado”, una distinción central en la modernidad y en los procesos coloniales. Las piezas muestran cómo esa separación se articuló a partir de oposiciones como naturaleza y cultura o animalidad y humanidad, y cómo se apoyó en dispositivos destinados a producir y disciplinar determinados cuerpos.
El lenguaje tuvo un papel fundamental en estos procesos. La capacidad de hablar, nombrar, escribir o producir conocimiento según los códigos de la cultura dominante se convirtió en un criterio para decidir quién podía ser considerado plenamente humano. Quienes quedaban fuera de esos códigos eran declarados incivilizados o próximos a la naturaleza. El positivismo científico y las instituciones sociales participaron en su domesticación y normalización. Clasificar y corregir fueron también maneras de establecer qué se consideraba normal y qué diferente.
Las obras abordan asimismo los imaginarios de animalidad y salvajismo proyectados sobre los cuerpos y las sociedades construidos como alteridad. La figura del “buen salvaje” condensa bien esta ambivalencia: quienes eran concebidos como próximos a la naturaleza podían, al mismo tiempo, ser educados e incorporados al orden civilizado.
La tercera sección se ocupa de prácticas y saberes que han circulado fuera de los espacios legitimados por la cultura académica y científica. En ella conviven devociones populares, apropiaciones de imágenes religiosas y tradiciones artesanales con formas de transmisión procedentes de contextos diversos. Un tejido, un calado, un bordado o una imagen popular no aparecen como restos inmóviles del pasado. Son formas de conocimiento en sí mismas, no meros testimonios de una tradición, que se transforman cuando circulan y que posibilitan reconocer otros modos de producir y transmitir saber. En ocasiones, permiten también introducir cuerpos y deseos que no encajan en la imagen más convencional de la tradición.
La cuarta sección contrapone la figura idealizada del campesino con las condiciones materiales del trabajador del campo. El campesinado fue representado con frecuencia como depositario de una supuesta autenticidad ligada a la naturaleza, pero también como una población atrasada y disponible para el trabajo. Esa doble mirada convertía al campesino en un “otro” cercano: pertenecía a la sociedad y, al mismo tiempo, era colocado en sus márgenes.
Las obras reunidas recuperan los conflictos que esas imágenes podían ocultar. El extractivismo, la economía de plantación y las relaciones entre cuerpo, trabajo y territorio permiten establecer conexiones entre situaciones históricas y geográficas diferentes. El paisaje deja así de entenderse únicamente como género artístico para mostrar también las tensiones económicas y sociales que lo atraviesan.
El museo como parte de la historia
El recorrido termina interrogando al propio museo. La antropología, la arqueología, la historia, la historia del arte y las instituciones museísticas desempeñaron un papel importante en la clasificación y conservación de culturas y objetos. Sus sistemas de catalogación y exposición ayudaron también a establecer distinciones entre aquello que pertenecía a la historia, aquello que se consideraba naturaleza y aquello que podía presentarse como testimonio de una sociedad calificada como primitiva.
Los archivos y las colecciones no son únicamente instrumentos de conservación. También producen narrativas y determinan qué objetos se consideran valiosos, cómo son interpretados y desde qué posición se cuenta una historia.
Mientras seamos salvajes traslada estas preguntas al propio TEA y, de manera más amplia, a la institución museo: qué relato construye cuando selecciona una obra, quién interviene en su interpretación y cómo pueden revisarse hoy unas categorías nacidas en contextos históricos diferentes. Esta revisión no se limita a desmontar categorías heredadas. Muchas de las prácticas reunidas en la exposición plantean también otras formas de relación, conocimiento, continuidad e imaginación. El recorrido se desplaza así de la crítica hacia la posibilidad, no para recuperar un pasado supuestamente intacto, sino para preguntarse qué futuros pueden construirse más allá de las oposiciones entre civilización y barbarie, cultura y naturaleza, progreso y atraso.
La exposición no pretende definir qué significa ser salvaje ni sustituir una identidad por otra. Examina quién ha tenido la capacidad de establecer la frontera entre civilización y barbarie, qué consecuencias produjo esa división y de qué manera artistas y movimientos culturales han discutido o transformado las imágenes que se les asignaron. En este sentido, aquello que históricamente ha sido presentado como una ausencia, algo desparecido o que se ha situado al margen puede revelarse también como una presencia transformada y en continua reactivación. El título no describe a un grupo concreto. Lo salvaje nunca fue una cualidad natural, depende del lugar desde el que se traza la frontera y de quién se reserva el derecho de señalar la barbarie.
Artistas presentes en la exposición
Sergio Acosta, Eileen Agar, Tarsila do Amaral, Diana Anselmo, Jesús Arencibia, Otto Auer, Colectivo Ayllú, Ernesto Baena Jover, Sammy Baloji, Yto Barrada, David Baute, Tiago Carneiro da Cunha, Roger Casement, Teresa Correa, Minerva Cuevas, Luis Diego Cuscoy, Raven Chacon, Ali Cherri, Maya Deren, Tahíche Díaz, Dias & Riedweg, Alfred Diston, Lucía Dorta, Juan Downey, Margaret D’Este, Patricia Esquivias, Shabely Estévez, Javier Estupiñán, Álvaro Fariña, Coco Fusco, Sandra Gamarra, Tony Gallardo, Guillermo Gómez-Peña, Jorge González, Pedro de Guezala, Philippe Haas, Paula Heredia, Martin Herzberg, Susan Hiller, Héctor Hyppolite, Mrs. R. M. King, Abdoulaye Konaté, Wifredo Lam, Richard Leacock, Lecuona y Hernández, Lehnert & Landrock, Talles Lopes, Rogelio López Cuenca, Miró Maniou, César Manrique, Néstor Martín-Fernández de la Torre, Claudia Martínez Garay, Carla Marzán, Ana Mendieta, Jane Millares, Manolo Millares, Kent Monkman, Felo Monzón, Manuel Montes, María Belén Morales, Carlos Motta, Nicolás Müller, José Otero, Eliazar Ortiz, Daniela Ortiz, Alejandro Ossuna Saviñón, Lena Peñate, José Antonio Pérez Cruz, La Chola Poblete, Man Ray, Rosângela Rennó, José Alejandro Restrepo, Gumersindo Robayna, Rosario Miranda, Miguel Rubio Tapia, José Ruiz, Miriam Inez da Silva, Olivia Stone, Lía Tavío, Colectivo Tizintizwa, Leonardo Torriani y Diego Vites.
Comisarios:
Alejandro Castañeda, Néstor Delgado, Katya García-Antón, Roberto Gil, Narelys Hernández, Joel Peláez y Sergio Rubira.
Inauguración: Sábado, 3 de octubre, a las 12:00 horas con la performance Fortunatae, de Javier Estupiñán y a las 12:30 horas, Antes de que el susurro desaparezca, de Oumaima Manchit Laroussi.