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28 ene 2022 > 03 may 2022

Maud, c'est la vie!

Maud, c´est la vie!

Del 28 de enero hasta el 3 de mayo. Curaduría: Pilar Carreño

Maud Bonneaud (Limoges, 1921-Madrid, 1991), conocida además como Maud Domínguez y Maud Westerdahl, cuando hacía balance de su trayectoria vital, recordó que André Breton le había regalado el Dictionnaire abrégé du surréalisme, editado con motivo de la Exposition International du Surréalisme en la Galerie de Beaux-Arts de París en 1938 y mientras lo ojeaba se preguntaba: “Que me digan por qué estos tres nombres -Breton, Domínguez y Westerdahl- están reunidos aquí como tres hitos de mi historia, que no me digan que no anduvo por ahí el azar objetivo con sus manejos invisibles e incontrolables. Lo normal habría sido hacer mi vida en un mundo de médicos, ingenieros, profesores o algo así. Algo serio”.

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Fechas: 28/01/2022 > 03/05/2022

Ubicación: Sala B (Planta 0) consulta el mapa

Martes a viernes de 12.00 a 20.00 h
Sábados, domingos y festivos de 10.00 a 20.00 h
Lunes cerrado, excepto festivo

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Maud Bonneaud

Maud Bonneaud

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Sábados, domingos y festivos de 10.00 a 20.00 h
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28 ene 2022 > 03 may 2022

Maud, c'est la vie!

Maud, c´est la vie!

Del 28 de enero hasta el 3 de mayo. Curaduría: Pilar Carreño

Maud Bonneaud (Limoges, 1921-Madrid, 1991), conocida además como Maud Domínguez y Maud Westerdahl, cuando hacía balance de su trayectoria vital, recordó que André Breton le había regalado el Dictionnaire abrégé du surréalisme, editado con motivo de la Exposition International du Surréalisme en la Galerie de Beaux-Arts de París en 1938 y mientras lo ojeaba se preguntaba: “Que me digan por qué estos tres nombres -Breton, Domínguez y Westerdahl- están reunidos aquí como tres hitos de mi historia, que no me digan que no anduvo por ahí el azar objetivo con sus manejos invisibles e incontrolables. Lo normal habría sido hacer mi vida en un mundo de médicos, ingenieros, profesores o algo así. Algo serio”.

Con su llegada a Tenerife se inicia otro nuevo capítulo en su vida en el que el salón de su casa, su forma de hacer y relacionarse con los otros acabo por prefigurar la idea de institución colectiva en Tenerife y una particular visión de la modernidad. Esta es la primera exposición retrospectiva dedicada a su figura como artista y agitadora cultural con el fin de desentrañar su enorme complejidad y peso opacado por visiones previas en la que se entendía siempre como “esposa de” y no como una pieza fundamental del hacer y acontecer cultural.

Más de 300 piezas -entre fotografías, pinturas, dibujos, esmaltes, acuarelas, esculturas, revistas, catálogos, litografías, decalcomanías, poemas manuscritos, libros, álbumes familiares, libros de cocina, tarjetas, joyas, aguafuertes, fotocollages, cartas y linograbados- datadas entre 1923 y 1985 conforman Maud, c’est la vie! En esta exposición, las creaciones de Maud Bonneaud (conocida también como Maud Domínguez y Maud Westerdahl) —muchas de las cuales se muestran el público por primera vez— se exhiben junto a obras y documentos de Óscar Domínguez, André Breton, Paul Éluard, Eduardo Westerdahl, Pablo Picasso, Raoul Hausmann, Valentine Penrose, Roland Penrose, Man Ray, Izis (Israëlis Biedermanas), Tanja Tamvelius. Eileen Agar, Manolo Millares, Man Ray, Apel-les Fenosa, Dora Maar, Pedro Flores, Honorio García-Condoy, André Marchand, José Abad, Martín Chirino, Françoise Gilot, Paul Éluard, César Manrique, Pablo Serrano, Valentine Penrose, Cándido Camacho, Maribel Nazco, Fernando Mignoni, Gjon Mili, Jacqueline Breton, Jeanne Megnen, Françoise Gilot, Michette Mabille, Guy Bernard-Delapierre, José Hernández Muñoz, Juliet Man Ray y Oldřich Šimáček.

Maud, c’est la vie! se completa con la edición del catálogo de la muestra, una publicación realizada por Pilar Carreño, fruto de su proyecto de investigación. Este libro ahonda en la figura de Maud Bonneaud desde distintos aspectos y recoge además de su cronología y de un catálogo de obras y documentos, entrevistas con la creadora.

La exposición se estructura en tres ámbitos: Maud esmaltadora, Breton y Domínguez y Círculo de amigos I-II. El recorrido de la muestra se inicia con Maud esmaltadora. Fue su etapa vital más productiva artísticamente desde que se trasladó a vivir a Santa Cruz de Tenerife (1954), periodo en el que desarrolla su faceta de esmaltadora —cuya andadura inicial en esta técnica se incluye en este apartado—, con un lenguaje plástico que hunde sus raíces en el Surrealismo, pero también en el mundo antiguo, medieval y contemporáneo. Sus joyas y objetos surrealistas se ubican en el centro de la sala dentro de una vitrina-estrella.

Además, se exponen dibujos y bocetos de sus obras, así como distintos elementos y piezas que nos acercan a su complejo proceso técnico. Asimismo, se exponen catálogos y carteles de las exposiciones individuales y colectivas en las que participó. En la segunda sala, los visitantes pueden acercarse al mundo de la cocina al que alude en algunas de sus obras. Se completa con un apartado documental y fotográfico dedicado a Eduardo Westerdahl. Por último, se pueden visualizar los múltiples contenidos de los álbumes familiares expuestos en vitrinas.

Breton y Domínguez. Este espacio lo comparten Breton y Domínguez, dos figuras antagónicas dentro del grupo surrealista. Breton le abrió las puertas de su universo y le marcó intelectualmente, como se desvela en las cartas del poeta, al que conoció en su época de estudiante universitaria en Poitiers durante la Segunda Guerra Mundial. Esta amistad se mantuvo durante el exilio americano de Breton mientras Maud era la pareja de Óscar Domínguez, si bien concluyó al poco tiempo de su regreso a París. Por otra parte, su intensa relación amorosa con Domínguez, quien asumió plenamente la figura del minotauro, se muestra en una selección de cartas, dibujos y obras del pintor canario, además de otros ejemplos de sus trabajos en común —Les deux qui se croisent y Les mouches—, al igual que la presencia de Maud se atisba en la producción de Domínguez. Asimismo, la vida doméstica y social que ambos compartieron se recoge en un conjunto de fotografías con amigos en distintos momentos. Cierra la sección el manuscrito Memoires sans importance, así como una serie de artículos escritos por Maud, relacionados con Breton, Domínguez y con el Surrealismo.

Círculo de amigos I-II. De la larga lista de amigos y conocidos se han seleccionado aquellos artistas e intelectuales que Maud conoció en sus años en Francia y de los que han quedado huellas tangibles de su amistad, como Paul Éluard, Pablo Picasso, Man Ray, Dora Maar, Roland Penrose, Valentine Penrose, André Marchand, Michette Mabille, François Gilot, Guy Bernard, Man Ray, Izis Bidermanas, Raoul Hausmann, Apel les Fenosa, Pedro Flores y Honorio García Condoy, a los que se suma la artista surrealista Eileen Agar que conoció en Tenerife. Se expone una serie de obras, además de libros, fotografías y documentos que aportan luz sobre sus relaciones con Maud, tanto en su periodo con Domínguez como posteriormente con Westerdahl.

En la última sala se ha ubicado una selección de obras de los artistas con los que Maud mantuvo una estrecha relación en España, tales como Pablo Serrano, Maribel Nazco, Manolo Millares, Martín Chirino, César Manrique y José Abad, además de otros pintores sobre los que escribió textos de presentación en los catálogos de alguna de sus exposiciones —José Hernández o Cándido Camacho—, unos representados con obras a las que alude en sus escritos y otros con los catálogos en los que escribió. Se cierra la muestra con una proyección visual de la protagonista.

Entre las obras que se exhiben en esta exposición se encuentran piezas como Homenaje a Asur o El conquistador (1979), Broche [Pájaro azul] (1947), Homenaje a los escitas (1980), Homenaje a Man Ray (1985), Sin título (Cabeza) (c.1945), Homenaje a Braque y Matisse (1979), Brazo de Judith (1972), de Maud Bonneaud; Mesa y personaje (1944), de Óscar Domínguez; Maud en Tenerife (1954), de Eduardo Westerdahl; Dictionnaire abrégé du Surréalisme (2ª ed. 1969), de André Breton y Paul Éluard; Sin título [Téléphone 3] (c. 1944-1945), de Óscar Domínguez; Cuadro 111 (1960), de Manolo Millares; Créole (1938), de Man Ray; Cabeza de Maud (c. 1945-1947), de Apel les Fenosa; Paisaje (c. 1957), de Dora Maar; Sin título (1957), de Pablo Picasso; Aeróvoro (1974), de Martín Chirino; o la fotografía con tiraje de época Maud y Dood en Limoges (1923).

Maud Bonneaud. El 4 de enero de 1921 nacía en Limoges, Madeleine Annette Bonneaud, a la que, en su etapa de estudiante en la Facultad de Letras de la Universidad de Poitiers, con 18 años, se cruzó en su camino el poeta André Breton, una relación de amistad que le abriría las recónditas puertas del universo surrealista y le marcaría su posterior trayectoria intelectual. En 1940 el sueño de Maud Bonneaud era viajar a Estados Unidos para continuar allí sus estudios universitarios, pero la Segunda Guerra Mundial lo impidió; por este motivo finalizó sus estudios en Poitiers y posteriormente inició una maîtrise sobre aspectos como la psicología del miedo y métodos de terror en la novela gótica inglesa en la Universidad de Clermont-Ferrand, que no concluyó, pero que la situaba dentro de los múltiples intereses del Surrealismo.

A finales de 1942 se traslada a París en busca de nuevos horizontes y comienza a relacionarse con los círculos artísticos e intelectuales, hasta que Dina Vierny, la modelo de Aristide Maillol, le presenta a Óscar Domínguez. Después de unos cinco intensos años de convivencia con el minotauro contraen matrimonio en 1948, pero solo dos años más tarde la relación se rompe, aunque no finaliza definitivamente hasta 1952 y su divorcio no se materializa hasta dos años después. La irrupción en su vida del crítico de arte y amigo de Domínguez, Eduardo Westerdahl, defensor del arte abstracto y del racionalismo arquitectónico, le ofrece una vida tranquila en Tenerife, isla de la que tanto le habían hablado Breton, Lamba y el propio Domínguez.

Después de un periodo de adaptación a su nueva vida, que no debió ser nada fácil para Maud, comienza a trabajar con una mayor intensidad en sus esmaltes, cuyos inicios en esta técnica se sitúan en París con Domínguez, y a hacer exposiciones de sus obras, joyas, objetos como piezas diminutas, que van evolucionando con el tiempo; a la vez que escribe y publica de forma ocasional artículos sobre arte. En toda esta etapa en Tenerife no pierde el contacto con sus amigos y conocidos, Pablo Picasso, Raoul Hausmann, Dora Maar, Man Ray, Valentine Penrose, Roland Penrose, Izis Bidermanas, entre otros muchos, a los que visita en sus viajes anuales a Europa, amigos a los que se han sumado ahora los de Westerdahl, Domingo Pérez Minik, Pedro García Cabrera, Maribel Nazco, María Belén Morales, Manolo Millares, Elvireta Escobio, Martín Chirino, Pablo Serrano, José Abad, Luc y Jenny Peire, así como las nuevas amistades que compartirán juntos.

El nacimiento de su único hijo, Hugo, en octubre de 1957 colma de felicidad a la pareja, que se vuelca en dejar constancia de los primeros años del pequeño, como muestran los dos álbumes familiares que Westerdahl realizó con fotos, tarjetas postales, cartas, dibujos, páginas de revistas, textos manuscritos, etc., como recuerdo de sus vidas en común desde 1956 a 1962. El domicilio en la calle Enrique Wolfson y, más tarde, en la Avenida de las Asuncionistas, de Westerdahl-Bonneaud se convierte en un punto obligado de reunión, abierto a artistas e intelectuales tanto insulares como de visita en la Isla. Además, allí se gestaron e impulsaron numerosos proyectos culturales, como la exposición antológica de Óscar Domínguez (1968) o la Exposición de Escultura en la calle, organizada por el COAC en 1973.

Años después de fallecer Westerdahl, Maud Bonneaud, con una salud en precario, decide trasladar su residencia a Madrid. Su hijo se había instalado en la capital y otro de los motivos barajados para su marcha fue la exposición que estaba preparando sobre Óscar Domínguez para el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, aunque volvería a la Isla en algunas ocasiones, como para la exposición homenaje a Domingo Pérez Minik en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife o para la inauguración del Centro Atlántico Arte Moderno. En su última etapa madrileña comenzó a escribir unas memorias o recuerdos de su vida en Francia, por sugerencia de su amigo Carlos Gaviño, que titularía Mémories sans importance. [Texto de la biografía: Pilar Carreño]

Pilar Carreño Corbella es una reputada comisaria e investigadora en el ámbito de las vanguardias españolas y, especialmente, en el período anterior a la Guerra Civil española, donde su labor ha sido fundamental para poner de manifiesto el papel que jugaron en el ámbito nacional, tanto publicaciones como Pajaritas de papel y Gaceta de Arte, como el grupo de intelectuales asociados a ellos. Entre otras publicaciones de Carreño podemos destacar El triángulo de las artes (2018), pero también otras como las vinculadas a la Biblioteca de autores canarios BAC, que han servido para recuperar figuras como la de Juan Botas Ghirlanda o José Julio Rodríguez.

Ha escrito sobre la vanguardia en Canarias en los libros Movimientos artísticos de vanguardia en Canarias. 1947-1977 (1988); Eduardo Westerdahl. Suma de la existencia (2002); Eduardo Westerdahl. Dar a ver (2003); Óscar Domínguez en tres dimensiones (2010); Los surrealistas en Tenerife (2015) y en artículos como El minotauro, la doble imagen de Picasso y Domínguez (1997) y Salvador Fábregas. La modernidad de La Osa Mayor (2000). A su vez, ha formado a varias generaciones de historiadores del arte en su labor de docente en la Universidad de Laguna aportando rigor en los procesos de investigación.

Las obras presentes en esta propuesta expositiva —en la que además se proyectan dos vídeos con fotografías de Maud Bonneaud— pertenecen a las colecciones de TEA, del Cabildo Insular de Tenerife, del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), la colección Hugo Westerdahl (Madrid), Presidencia del Gobierno de Canarias, la Pinacoteca del Gobierno de Canarias, el Centro Atlántico de Arte Moderno, de la Real Academia de Bellas Artes de San Miguel Arcángel de Santa Cruz de Tenerife (Fondo Jesús Hernández Perera-María Josefa Cordero), la Casa Colón (Cabildo de Gran Canaria), Fundación Dámaso (Las Palmas de Gran Canaria) y Bibli (Santa Cruz de Tenerife). Otros préstamos proceden de las colecciones Antonio Montes (Madrid), Loro Parque (Puerto de la Cruz), Eduardo Díaz Castro (Tacoronte), Carmensa de la Hoz (Santa Cruz de Tenerife), Isaac y Joelle Benzaquen (Madrid), Navarro-Valero (Madrid), Monzón-Benítez (Las Palmas de Gran Canaria), Clara Trujillo (Santa Cruz de Tenerife), José Luis Escohotado (Santa Cruz de Tenerife), Gonzalo Díaz (La Laguna), Victoria Díaz Zarco y Federico Castro Morales, Archivo Lafuente (Santander) y The Penrose Collection (Inglaterra), así como de otras colecciones particulares de España y de Inglaterra