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Colecciones TEA

16 abr 2021 > 17 abr 2022

Gravedad y órbita

Colecciones TEA

TEA Tenerife Espacio de las Artes muestra desde el 16 de abril de 2021 hasta el 17 de abril de 2022 Gravedad y órbita. Colecciones TEA.

Artistas: Óscar Domínguez, Robert Disraeli, Agustín Jiménez Espinoza, Kurt Seligmann, Dora Maar, Denise Colomb, Wols, Eduardo Westerdahl, Jorge Oramas, Juan Ismael, Gordon Onslow-Ford, Emil Godés Hurtado, Raoul Ubac, Yves Tanguy, Andreas Schulze, Thomas Ruff, César Manrique, Carlos Rivero, Juan de la Cruz, Walter Marchetti, Tracey Moffat, Maribel Nazco, Carlos Matallana, Jorge González Santos, José Julio Rodríguez, Ana Mendieta, Salvo, Perejaume, Juan José Gil, Ana Laura Aláez, Frank Thiel, Adrián Alemán Bastarrica, Juan Bordes, José Pedro Croft, Juan López Salvador, Imi Knoebel, Tiago Carneiro da Cuhna, Pepe Espaliú y Ubay Murillo. 

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Fechas: 16/04/2021 > 17/04/2022

Ubicación: Sala A (Planta 2) consulta el mapa

Abiertos de martes a domingo de 12:00 a 20:00h.

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Fechas: 16/04/2021 > 17/04/2022

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Abiertos de martes a domingo de 12:00 a 20:00h.

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Gravedad y órbita

Colecciones TEA

TEA Tenerife Espacio de las Artes muestra desde el 16 de abril de 2021 hasta el 17 de abril de 2022 Gravedad y órbita. Colecciones TEA.

Artistas: Óscar Domínguez, Robert Disraeli, Agustín Jiménez Espinoza, Kurt Seligmann, Dora Maar, Denise Colomb, Wols, Eduardo Westerdahl, Jorge Oramas, Juan Ismael, Gordon Onslow-Ford, Emil Godés Hurtado, Raoul Ubac, Yves Tanguy, Andreas Schulze, Thomas Ruff, César Manrique, Carlos Rivero, Juan de la Cruz, Walter Marchetti, Tracey Moffat, Maribel Nazco, Carlos Matallana, Jorge González Santos, José Julio Rodríguez, Ana Mendieta, Salvo, Perejaume, Juan José Gil, Ana Laura Aláez, Frank Thiel, Adrián Alemán Bastarrica, Juan Bordes, José Pedro Croft, Juan López Salvador, Imi Knoebel, Tiago Carneiro da Cuhna, Pepe Espaliú y Ubay Murillo. 

Gravedad y órbita

Una colección opera bajo un sistema supuestamente coherente, si bien la multiplicidad de significados y contextos nos hacen pensar que –al igual que en el cosmos– el caos y el azar son variables también omnipresentes. El irrefrenable deseo museístico por clasificar y ordenar –producir historia parece ser una de las funciones esenciales de los museos– busca siempre la existencia de variables acaso inmutables, como aquellas que apreciamos en el universo. Detectarlas es fundamental en el imparable afán por coleccionar del museo, en el que se aspira a registrar e, incluso, devorar de manera omnívora toda forma de conocimiento y expresión vinculadas a tiempos y momentos concretos. Así, para entender las leyes que ligan un conjunto de objetos en un museo es preciso preguntarnos sobre cuáles son, al menos, los centros gravitatorios de este sistema.

En el caso de TEA, no hay duda en torno a la obra de Óscar Domínguez como planeta central, que permite trazar un relato de las vanguardias en el que las Islas y quienes las pueblan reclaman un papel que puede leerse como divergente; y precisamente por ello con su propia centralidad. Sin embargo, al abandonar la confortabilidad de ese primer núcleo, percibir si existen otros astros u órbitas resulta más complejo.

Si obviamos la idea primigenia con la que nacieron cada una de las colecciones –atendiendo, por ejemplo, a la fotografía o a la adscripción a décadas concretas del pasado siglo– resulta más difuso entender el porqué de una u otras obras. No obstante, si nos acercamos atentamente se vislumbra una serie de preocupaciones o análisis que pueden circunscribirse a las inquietudes concretas de esta sociedad que es Tenerife, inscrita a su vez en un campo social más amplio. Territorio y paisaje, la crisis de los modos de vida que entendíamos como ortodoxos y cuestiones auto-referenciales en el arte, como lo matérico y su significado, podrían constituirse en esos ejes gravitatorios, que no graves. De ahí que La notte (1961), película de Michelangelo Antonioni, evidencie lo que ya intuimos: la evanescencia de todo lo que creíamos imperturbable. Por ello, acercarnos a estas cuestiones con cierta ironía parece ser la última tabla de salvación.

[Texto: Gilberto González]

Ámbito 1. Óscar Domínguez

Con Joan Miró y Salvador Dalí el pintor Óscar Domínguez (Tenerife, 1906-París, 1957) ha sido considerado como el tercer gran nombre que España da a la pintura surrealista. Una definición que de inmediato dibuja la constelación de nombres y la altura crítica en la que es necesario situar la creación plástica de este pintor alineado con las tesis más subversivas del Surrealismo. Óscar Domínguez no ha dejado de sorprendernos por su versatilidad en la inventiva de objetos, sus pinturas y sus múltiples construcciones surrealistas.

Su incorporación al grupo surrealista de París, que entre 1924 y 1929 publica la más importante de las revistas del grupo La révolution surréaliste, se produce, de forma tardía, en 1934. Sin embargo, mucho antes, ya desde sus primeras composiciones, en la obra de Óscar Domínguez asistimos a un planteamiento pictórico incontrolado e imaginativo en el que se inmiscuyen de forma constante las formas caprichosas y sobreabundantes, surrealizantes, que adopta la Naturaleza en Canarias, razón por la que, en el momento de su adscripción al Movimiento Surrealista, merece el calificativo de “surrealista espontaneo”.

En este primer ámbito expositivo encontramos a Óscar Domínguez en relación a otros autores que, como él, se inscriben dentro de este segundo momento del Surrealismo, al que André Breton se refiere en un texto fundamental denominado “Les tendences les plus récentes de la peinture surréaliste” [“Las últimas tendencias de la pintura surrealista”], publicado en la revista suiza Minotaure, en 1939. En este ensayo se describe una relación de autores que alcanzan su madurez creativa a finales de la década de los años treinta del siglo XX, y entre los que se encuentra el mismo Óscar Domínguez, quien en aquellos años se encontraba realizando su “período cósmico”, representado aquí por obras como Los platillos volantes (1939).

Otros autores coetáneos que igualmente practican una pintura alentada y motivada por un impulso gestual son Onslow Gordon Forg, Kurt Séligmann, Yves Tanguy y Raoul Ubac, entre otros, todos ello presentes en la colección TEA. Asimismo, esta primera sección se complementa con una muestra de la actividad editorial del grupo de vanguardia Gaceta de arte (1932-1936), en el que, los más activos, serían los escritores Agustín Espinosa, Pedro García Cabrera, Emeterio Gutiérrez Albelo, Domingo López Torres, Domingo Pérez Minik y Eduardo Westerdahl, entre otros protagonistas de aquella señera generación.

[Texto: Isidro Hernández]

Gravedad y órbita

We presuppose that a collection is ruled by a coherent system, yet its multiplicity of meanings and contexts would also lead us to believe that, similarly to the universe, it is always subject to chaos and chance. The museum’s inherent desire to classify and order—after all, producing history is one of its basic functions—always looks for supposedly immutable variables, like those we imagine govern the universe. Identifying these variables is fundamental for the museum’s sustained mission to collect, in which it aspires to record and, one would might even say, to omnivorously devour every form of knowledge and expression associated with a specific moment or time. Accordingly, in order to understand the laws that bind a set of objects in a museum we first have to ascertain, at the very least, the system’s centres of gravity.

In the case of TEA, there is no question that the work of Óscar Domínguez is a central planet, one that enables us to outline a story of the avant-gardes in which the Canary Islands and their inhabitants play a role that can be interpreted as divergent, and precisely because of that, possessing its own centrality. However, when abandoning the comfort of this core nucleus, perceiving the existence of other stars and orbits proves much more complex.

If we overlook the initial idea that gave rise to each collection—centred, for instance, on photography or on specific decades of the past century—understanding the rationale behind a given artwork becomes much less evident. Having said that, if were to take a closer look, we could discern a series of concerns or analyses that are circumscribed to specific issues affecting this society which is Tenerife, at once inscribed within a much wider social realm. Territory and landscape, the crisis in ways of life which we once believed to be orthodox, and self-referential questions within art such as matter and meaning, would strike us as gravitational (not grave) elements, which is why Michelangelo Antonioni’s film La Notte (1961) evinces something we had already intuited: the fleetingness of everything we believed to be unchangeable; and it seems that engaging with these issues, however ironically, is our last hope for salvation.