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Vicki PENFOLD

(Cracovia, Polonia, 1918)

(Puerto de la Cruz, Tenerife, 2013)

Nació en 1918 en Polonia. Con tan solo quince años ingresó en el Instituto de Artes Plásticas de Cracovia. En pleno auge de la Segunda Guerra Mundial y, quedando privada de su libertad durante su estancia en Lwów, Penfold, junto a su marido de ese momento, sobrevive gracias a la elaboración de carteles que ella misma pintaba, tanto de cine como de publicidad para el régimen de Stalin. Residió en diversos lugares una vez salió de Rusia, lugar al que había sido trasladada como reclusa, a un campo de trabajo, con tan solo veintiún años. Bajo la protección inglesa logró salir de Siberia y se refugió en las colonias británicas en África. Fue a partir de este momento cuando Penfold se trasladó a diferentes ciudades y, finalmente, es en 1962 cuando se asentó en París, lugar que, por su indiscutible vinculación con el arte, justifica que la artista optara por residir allí. Ese mismo año viajó a Austria para conocer en primera persona el trabajo de Oskar Kokoschka. Su interés le permitió conseguir una plaza en la escuela del pintor. Su estilo pictórico se caracterizaba por ser tardoimpresionista aunque se vio influenciada por el expresionismo de su maestro austriaco. En la Escuela de la Visión, de este pintor, Penfold adquirió su experiencia. Al asistir en 1963 a sus clases se inició en los ejercicios de estudio de desnudos al natural como ella denominó «a la manera de Kokoschka», ya que el alumnado debía captar con color, y mediante la técnica de las acuarelas, el movimiento y el carácter de la modelo sin trazar el dibujo. Esa habilidad con el color la traslada a sus pinturas, dotándolas de una gran expresividad. A pesar de que se la considera como una excelente retratista, también destacó en la realización de paisajes. Como en pintura, su producción escultórica se vio potenciada por el modo en el que expandía el material más allá de sus posibilidades. También trabajó la práctica del grabado con carácter expresivo. Penfold se había interesado por esta técnica desde principios de su formación artística. Y es en 1963 cuando recibió, a las afueras de Londres, formación en serigrafía. Las tres formas expresivas eran para ella complementarias. En 1964 llegó a Tenerife y, a pesar de que no hacía un año de la aparición de Nuestro Arte, participó en esta muestra colectiva. Dicha propuesta había surgido con un carácter renovador, que pretendía romper las estructuras en las que se había limitado al arte en el Archipiélago. Penfold expuso en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife a finales de ese mismo año que llegó a la isla. Además, de la mano de María Belén Morales, logró participar en el Primer Salón de Arte Experimental organizado en el Museo Municipal de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife antes de que concluyese 1964. Al poco tiempo de instalarse en Tacoronte, Penfold abrió su propio atelier. En este estudio ofrecía, mediante ejercicios libres, que los asistentes adquiriesen: expresividad en los trazos, un aprendizaje en el tratamiento libre del color y un amplio abordaje de diversas técnicas de estampación, como se llevaba a cabo en las academias libres parisinas de principios de siglo. A finales de 1965 se expuso, también en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife, la muestra de Las Doce. Vicki Penfold fue una de las doce creadoras que formó parte de este grupo. La muestra, organizada y llevada a cabo por mujeres, fue una de las primeras de tal índole celebradas en España. Es en 1986 cuando, a pesar de ser ciudadana extranjera, aceptaron, y de forma unánime por parte del pleno académico, su ingreso en la Real Academia Canaria de Bellas Artes. En marzo de 1989, cuando ya llevaba veinticinco años en la isla, expuso, en el Círculo de Bellas Artes, su trayectoria artística; esta muestra estaba conformada por sesenta y dos lienzos, nueve grabados y veintitrés esculturas. Tras participar en varias de las exposiciones organizadas por la Agrupación de Acuarelistas Canarios en 1996, esta misma agrupación, la reconoció como Miembro de Mérito. Dentro de las décadas de los setenta, ochenta y noventa se enmarca una variedad de exposiciones en las que mostró su obra de forma individual, tanto dentro del archipiélago canario como fuera, en diversos centros de arte y galerías de Europa. En 2011 la eligieron como académica supernumeraria por los méritos y servicios prestados a la Real Academia. Destaca que, además, fue miembro de la Real Sociedad de las Artes de Londres en 1966 y en 1989 de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel. Finalmente falleció en febrero de 2013 en el Puerto de la Cruz, Tenerife. 

Caracterizada por una inconfundible expresividad, la obra de Vicki Penfold juega con los límites. Mientras restringe la gama de colores que utiliza para sus retratos, su trazo se desboca en consonancia a los sentimientos que percibe en el modelo. El parecido físico no gana protagonismo y queda relegado a un segundo plano para permitir que sea lo sentido lo que reside en cada pincelada. Del mismo modo, en sus paisajes encontramos en sintonía la representación en sí y lo que el entorno permite sentir. Al subjetivizar sus referencias, dota a los paisajes y sus elementos de una viveza emocional: el paisaje siente y es sentido. Autora y paisaje vibran, como lo hace la flora que inunda su obra paisajística, que nos aporta un catálogo de flores autóctonas a la par que exóticas que esconden la mirada más espiritual de Penfold. Su capacidad expresiva, principalmente encontrada en su pintura, nos deja una obra viva donde no solo lo visual destaca, sino también lo psicológico. Vicki Penfold supo filtrar mediante el color y las pinceladas lo experimentado, emocionalmente, por cada ente circundante.

 

[Información extraída de: V.V.A.A. (2025). El lugar donde la luz canta. La obra de Vicki Penfold en las colecciones de arte de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife: Fundación CajaCanarias.]

 

imagen Imagen extraída de Fundación CajaCanarias (2025)

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