Pintura nº122
MANRIQUE, César
1963
Técnica: Mixta
Medidas: 30,5 x 40,5 cm
Número de registro: TEA2019-020
Esta pieza pertenece a la década de los años sesenta, considerada por los expertos como el mejor período de la producción de César Manrique. Se trata de una obra que perteneció al arquitecto Fernando Higueras, amigo de César Manrique desde 1961 y colaborador imprescindible de la obra arquitectónica del autor canario, por lo que posee un valor realmente significativo dentro de la producción de aquellos años. La trayectoria y la fortuna crítica de César Manrique es, por todos, conocida.
El paisaje adquiere un sentido y significación nuevos. Además de una fuente de conocimientos visuales y teóricos, tiene una dimensión suplementaria que le autoriza a actuar en la esfera de lo funcional y de lo ecológico, es decir, crear un lugar de utilidad y belleza Manrique concebía estos espacios como lugares para ampliar los conceptos de arte y estética, allí se podrían recoger distintas facetas de la actividad artística del hombre, de tal modo que la contemplación de estos elementos formase parte del recorrido y el hombre pudiera reconocerlos como parte de un conjunto.
Se trata de ver la obra en su totalidad, en un medio homogéneo y armónico, evitando la fragmentación en cada una de sus modalidades artísticas.
La obra pictórica de Manrique es doblemente significativa, en primer lugar, por demostrarnos cómo se puede conjugar un lenguaje universal con una temática particular y porque supo identificar las características de la modernidad con lo más ancestral de la condición pictórica.
1.[Fragmento extraído del libro de Violeta Izquierdo, César Manrique, Arte Total. Cabildo Insular de Lanzarote, 2020]
¨Mis pinturas son ensoñaciones sobre un aspecto inmutable, sublime de la naturaleza tal como yo lo he encontrado en una isla volcánica concreta¨
[Fragmento extraído del texto de John Bernard Myers "Entrevista", en Universo Manrique, CAAM, Las Palmas Gran Canaria, 2019]
La dicción plástica fue renovada en sintonía con la comprensión de su arte, como sucede en un gran artista. En el conjunto de su producción se observa una cadencia muy atractiva y la constante tensión entre el paisaje y el hombre que lo habita, aun en aquellas obras en las que se disuelve las referencias concretas al ser humano. Su paleta se fue alterando produciendo imágenes maravillosas empleando técnicas muy sólidas. Su arte fue un proceso continuo en el que refrendó su universo personal.
[Francisco Galante. Fragmento extraído de César Manrique y Haría, El artista y la belleza del lugar. Ayuntamiento de Haría y Universidad de La Laguna, 2023]